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El Primer Mundial de Sophia

Tengo el concepto de que enseñarle a un hijo el idioma materno, cuando uno vive en un país extranjero, no es sólo comprende enseñarle palabras, pronunciación y escribir, es además sumergir a tu hijo en todo lo que ese idioma envuelve: El país, las costumbres, tradiciones y la identidad cultural. Desde cosas del día a día como la comida, música y porque no? Del deporte más popular de mi país: El fútbol.

Este año 2018 Perú tuvo la oportunidad de volver a un mundial de fútbol (FIFA WORLD CUP), que se realizó en Rusia, después de 36 años de no estar presente, fue toda una hazaña celebrada con anticipación muchos meses antes en todo el país. Nunca he sido fanática del fútbol, nunca he prestado atención a un partido completo, hasta hace unos días que Perú  debutó en el Mundial en su primer partido contra Dinamarca, en una mañana llena de emociones. El mundial anterior 2014, Sophia sólo tenía unos días de nacida, este es el primer año que puedo disfrutarlo con ella, y que mejor ocasión que con el equipo de Perú participando esta vez.

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Sophia, luciendo con orgullo la camiseta de Perú.

Días anteriores mi amiga Lizeth que acababa de llegar de Perú, le trajo a Sophia una camiseta de la selección Peruana, su primera camiseta, con el número 8 (Número cabalístico de suerte), que representa al jugador Christian Cueva, quien por cierto se perdió un penal en este primer partido.

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Deliciosa Causa Peruana con la bandera de Perú.

Ese día, a las 9:00 de la mañana, hora del pacífico, ya estábamos todas las mamás reunidas con nuestros hijos listas para ver el partido en la casa de una amiga peruana en Burbank, CA. Me preparé con Sophia poniéndole su camiseta de la selección, además ambas nos pintamos una bandera en la frente. También preparé una deliciosa “causa limeña” con los colores de la bandera de Perú. El momento del himno nacional fue muy emocionate porque nos pusimos la mano al pecho, tal como nos enseñaron en el colegio, y nuestros hijos hicieron lo mismo. No pude evitar emocionarme en ese momento y derramé unas lágrimas.

Luego los niños empezaron con la barras y a gritar entusiasmados: PERU, PERU, PERU! Estoy segura que estas memorias quedarán grabadas en la impronta de Sophia, y mi anhelo es que ella no sólo se exprese muy bien en español sino que comprenda sus orígenes y que quiera de la misma forma que yo al país donde su madre nació.

“COMO NO TE VOY A QUERER, COMO NO TE VOY A QUERER, SI ERES MI PERU QUERIDO, MI PAIS BENDITO QUE ME VIO NACER”.

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Las niñas bonitas no dicen palabras feas

En mis épocas escolares, era el famoso “Manual de Urbanidad y Buenas Maneras de Manuel Carreño” que daba la pauta de la buena educación y el decoro en sociedad. Hace años que no vuelvo a escuchar del famoso manual, el cual tenía muy bien descrito como comportarse adecuadamente en cada circunstancia social, inculcando el respeto y consideración al prójimo.

Nuestro lenguaje debe ser siempre culto, decente y respetuoso, por grande que
sea la llaneza y confianza con que podamos tratar a las personas que nos oyen.
– Extraído del Manual de Buenas Maneras de Carreño –

Seguro a Manuel Carreño le daría un ataque si volviera nacer en esta época donde muchas veces las buenas maneras se han dejado de lado y no se pueden esperar ni del propio presidente de un país.

En mi hogar nunca se habló malas palabras, lo máximo que habríamos escuchado es algún “carajo”, “caramba” o en el caso de mi abuelita  la Toquita que decía “barajo”, me imagino para no decir la palabra tal como es. Aún no me queda claro si CARAJO es una mala palabra, ya que es muy común y se repite con mucho entusiasmo “VIVA EL PERU CARAJO“.

Ahora que Sophia ya empieza a aumentar su vocabulario, tengo que tener mucho cuidado con lo que digo, porque  el 90%  del español que está aprendiendo viene de mi. Es por eso que el otro día me alarmé cuando me dijo: “¡Carajo niña!”, Imitando lo que yo seguro en alguna oportunidad le había dicho. Ahora sé que tengo que ser muy cuidadosa con el tipo de palabras que digo, y evitar que se me vaya escapar algún carajo o algo de esa índole. Entonces se me ha ocurrido decirle: “Sophia, las niñas bonitas no dicen palabras feas“, y si mamá dice una palabra así vas a corregirla, porque en casa no hablamos esas palabras. Sé que me entiende, pero el mayor reto va ser conmigo misma porque soy yo la que tengo que ver la forma de que en un momento de estrés y desesperación no vaya salir de mi boca alguna de esas palabras.

Es increíble como casi todo lo que nuestros hijos aprenden viene de nosotros, los adultos con quienes crecen. Desde algo tan básico como la palabras que décimos hasta las actitudes y reacciones. Hace varios meses que le estoy enseñando a ser agradecida y decir “Por favor”. Sé que la mejor enseñanza es el ejemplo que le pueda dar, la tarea va ser ardua, así que por más estresada, cansada o molesta que me encuentre tengo que recordar siempre mi propio refrán: “Las mamás bonitas, no dicen palabras feas“.

 

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El corazón Peruano de Sophia

Parece que fue ayer un 6 de Junio del 2001, hace 17 años,  cuando me embarqué en un vuelo de Americana rumbo a San Francisco, California…Sin saber cuando volvería a tocar tierras peruanas, después regresé muchas veces, pero ninguno de esos regresos tan felices e innolvidables como este último en el que Sophia viajó conmigo.

 

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Sunset en Playa Norte, Punta Hermosa, Lima

Muchos días antes ya le había anunciado que viajaríamos, ella áun con su precario entendimiento de lo que un viaje a un país extranjero significa, me manifestaba su  entusiasmo. En los días previos le iba contando a todas las personas que veríamos y todo lo que nos íbamos a divertir, sin imaginar que nuestra estadía sobrepasaría nuestras expectativas.

 

Sophia bajó del avión con su carita cansada pero feliz, podía ver en su rostro que la emoción la embargaba, en los días siguientes, aún podía ver la felicidad dibujada en el rostro que se fue increcentando con su estadía. ¡Nunca la había visto despertar cada mañana tan contenta!

Con su español bastante avanzado tuvo facilidad inmediata para conversar con todos, eso también me lleno de satisfacción. La barrera del idioma está vencida, Sophia puede comunicarse perfectamente en español, y gracias a ello podrá disfrutar aún más en los años venideros de sus cariñosos abuelos, primos, tíos y amigos peruanos.

Me sorprendió que no quiso hablar Inglés para nada, su primo Juan Diego quería practicar su Inglés,  y ella sólo le respondía en español, pienso que sintió verguenza al ver que nadie lo hablaba. Lo mismo ocurre aquí en USA cuando sus primas por el lado paterno quieren practicar español  y Sophia les habla solo en Inglés.

Caminar a cualquier hora por el malecón de Playa Norte en Punta Hermosa es un paseo fascinante: En las mañanas, aún con la neblina, se disfruta del aroma fresco y el rugido del mar, en el día la contagiante alegría de los veraneantes, al atardecer, la belleza del Sunset acompañada muchas veces por los intrépidos surfistas, y por las noches, el canto de las olas que arrullan nuestros sueños.

Plaza Sofia, dedicada a la campeona mundial de surfing, la peruana, Sofia Mulanovich, nos acogió con encanto, qué coincidencia encontrar una plaza con el mismo nombre que mi hija, me pareció un augurio de muy buena bienvenida.

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Aunque Sophia sólo pasó unos pocos días disfrutanto de su Perú, puedo ver el impacto que ha dejado en ella, y como su cariño por mi patria va creciendo en ella. Tuvimos la suerte de asistir a un concierto organizado por el Club Nautico Punta Hermosa a cargo de los Violines de Lima, quienes interpretaron la bella canción “Contigo Perú” y cuya letra nunca antes había prestado atención, hasta que ese noche, frente al mar, al combinarse los violines y las olas del mar, junto a la compañía de mi hija, mi corazón se llenó de emoción y de orgullo por la tierra que me vió nacer…Después de este viaje puedo afirmar con certeza que el corazón de Sophia ya es peruano.

 

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Una lección de los canguros de Australia

Aprendí a leer con el libro “Coquito“, como muchos de mi generación, aún recuerdo a mi profesora de primer grado Grimanesa, quien tenía unos ojos grandes y una mirada generosa. Con ella fuí repasando cada página del libro, hasta que en un momento llegué a pensar, que sencillo es esto, sólo se juntan las letras con las vocales y como suena se lee. Recuerdo que me pareció tan fácil, que repetir las sílabas del libro de me hacía divertido. Tambien recuerdo leyendo mis primeros poemas, uno de ellos “Bandera mía“, tal vez allí se inició mi amor por las letras.

Mi madre Cesarina, se ingenió para encontrar el libro Coquito, en una versión más moderna para Sophia. Hoy sophía lo tiene en su biblioteca y aunque sólo tiene 3 años ya muestra interes por conocer el sonido de las vocales y repetir algunas palabras.

Es así como ha ido ampliando su vocabulario en español, el otro día le señalé la imagen de una animal nuevo para ella, y le dije se llama “Canguro”. ¿Canguro? Me dijo, y puso su cara como cuando algo no le queda claro, así que busqué en YouTube algún video de canguros para que ella entendiera mejor de lo que le estaba hablando. Lo cierto es que solo pensaba enseñarle el video por unos pocos minutos, pero terminamos viendo casi media hora del video, lo cual para ella es bastante tiempo frente a una pantalla. Se quedó maravillada de como saltaban, como nacían las crías, como los llevaban en sus bolsas y como se enfrentaban a las adversidades de la jungla Australiana.

 

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Mamá Canguro de Australia

 

Yo también, poco acostambrada a ver esos vídeos de animales, me quedé muy interesada en conocer más de los “Canguros” y de enterarme de como la naturaleza puede ser tan sabia. Es así es como aprendo con Sophia más de lo que me hubiera imaginado. El narrador mencionó un aspecto de las mamás canguros que me dejó impresionada y se los voy a compartir.

La mamá canguro puede tener varias crías en un año, y cada cría en su respectiva etapa necesita tipos de leche diferente. El bebé canguro un tipo de leche, su hermano de 6 meses otro tipo de leche, y el hermano de más de un año otro tipo de leche. La naturaleza de los canguros está diseñada para que la mamá provea estos 3 tipos de leche al mismo tiempo, su cuerpo reconoce cual es el hijo que va amamantar y según eso provee la leche para el hijo respectivo. ¿No es maravilloso? ¡Que sincronidad hermosa y sabia tiene la naturaleza! El conocer esto me hizo  recordar el libro Sincrodestino de Deepa Chopra, donde él menciona que esta sincronicidad ocurre en todos los aspectos de nuestra vida sin que nosotros siquiera lo notemos.

Me quedé pensando, que si la naturaleza provee a las tres crías de canguro con la leche que necesita, en el momento que la necesita, cómo no va trabajar también para nosotros de esa manera, brindando  lo que necesitamos sabiamente en el momento justo. Un recordatorio que llegó en el momento preciso gracias a la curiosidad de mi pequeña Sophia.

POEMA BANDERA MIA

Aunque soy todavía
niño pequeño,
bandera de mi patria
contigo sueño.
Sueño que un día
seré tu abanderado,
bandera mía.
En mi sueño glorioso
tu paño beso
y siente ya en el hombro
tu dulce peso
Bandera amada,
en mi sueño de niño
vas reclinada.

 

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El Secreto de Sophia

Cuentan mis papás que cuando era niña tenía una frase muy peculiar que les decía a ellos: “Tengo tantos secretos que ni yo misma me los he contado“. No sé de donde en mi cabeza me saldría esa idea, o de que secretos se trataban….Cómo me gustaría poder recodarlo.

Lo cierto es que los niños son así, tienen ocurrencias, dicen cosas que le salen del corazón, son espontáneos y transparentes, eso lo vengo comprobando con Sophía a cada momento. A veces veo sus ocurrencias y me doy cuenta que nosotros los adultos tenemos mucho que aprender de los niños.

Ella vive el instante, no se preocupa de horarios, sólo está disfrutando lo que está haciendo en ese momento, no está pensando que va ser después o que tiene que terminar la tarea, o ir a la escuela. sólo vive inmersa en el HOY. Lo que muchos pensadores, filósofos y life coach nos mencionan que tenemos que aprender, ya lo sabíamos desde niños, sólo lo hemos olvidado.

Hace unos días en la celebración de navidad de Magnolia Park en Burbank me sorprendió con su espontaniedad para salir a bailar , apenas escuchó la música, sin ninguna verguenza y sin preocuparse si la estaban mirando o no, solo disfrutaba  plenamente, con movimientos y pasos que ella misma ha creado, misma Shakira, a Sophia lo de latina nadie se lo quita. Yo me quedé mirándola y deseando tener al menos un 10% de sus espontaniedad, ojalá nunca se le olvide.

 

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Con Sophia en la celebración de Navidad de Magnolia Park, Noviembre 2017

 

El otro día Sophia me dice:

– ¡Mamá, cuentame un secreto!
Yo me acerco a su oído y le susurro:
– ¡Te quiero con todo mi corazón!
Ella se acerca a mi oído y me responde:
– ¡YO TE QUIERO MAS!

(Era justo lo que necesitaba escuchar ese día)

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La fortuna de Sophia

Hace unas semana me detube en la librería Barners and Noble a curosear algunos libros y encontré un libro de Rhonda Byrne, la famosa autora de “El Secreto”, quien además siguió publicando más libros, uno de ellos titulado “La Magia”. En este pequeño libro ella revela una serie de rituales para mejorar diferentes aspectos de nuestras vidas. Ese día iba sin buscar ningun tema en específico, solo lo abrí al azar y me encontré con un hermoso ritual que me encantó. Ella mencionaba que para atraer abundancia y prosperidad en nuestras vidas debíamos estar conscientes que desde que nacimos y durante nuestra infancia el universo nos había provisto de muchas cosas que no nos habían costado nada, y comienza enumerar: La comida, la escuela donde fuimos, los juguetes que tuvimos, los viajes, atención médica cuando nos enfermamos, paseos, celebraciones de cumpleaños, transporte, etc. etc. Todas estan cosas que nuestros padres o familiares nos dieron sin que nos haya costado un centavo. Ella sugiere en el libro que comencemos a enumerar todas esas cosas con papel y lapiz, de tal forma que siempre tengamos presentes que el universo nos ha provisto y lo seguirá haciendo, porque la abundancia es nuestro estado natural.

Entonces, me quedé pensando que en realidad tenía muchas cosas que agradecer y enumerar porque desde que nací mis queridos padres que dieron todo lo que necesité y tengo las más bellas memorias de mi infancia y de mi juventud temprana.

Lo cual tambien me hizo pensar en mi pequeña Sophia, quien desde que nació ha sido provista de muchas cosas, posee una gran fortuna, más de las que yo hubiera podido imaginar. En primer lugar, el hecho de que haya nacido en USA, nación que es considerada una de las más avanzadas en nuestra época. Además de crecer en una familia multicultural, donde ella va heredando lo mejor de los dos mundos, y la cual la convierte automaticamente en una persona bilingue, el hecho de que yo pueda pasar tanto tiempo con ella porque gracias a Dios mi trabajo me lo permite, el inmenso amor de sus abuelos paternos y maternos, los juguetes que le podemos podemos comprar cada semana.  Ella antes de sus primer año ya había viajado en avión y lo ha hecho muchas veces a sus solos 3 años, mientras que mi primer viaje en avión fue a los 15 años y no volvía a subir a uno hasta que vine a USA en el 2001. Son tantas cosas a las que mi querida Sophia puede acceder que superan mis expectativas. Anhelo que crezca con una mentalidad de abundancia y que siempre tenga la seguridad que todo lo que necesita el universo se lo concederá.

Mi papá me cuenta que a los tres años él andaba descalzo en su tierra natal Shipasbamba (Amazonas, Perú), hoy Sophia a ese misma edad, les cuenta a mis padres que se compró sus zapatos en la tienda Sckechers. Cuanto ha cambiado mi familia en tres y cuatro generaciones, estoy segura que cuando mi abuela Toca salío de su pueblo buscando un futuro mejor en la capital nunca se imaginó que su bisnieta nacería en USA.

Pero no sólo estas cosas materiales las que crean fortuna, sino más bien el aprendizaje y conocimiento de nuestro pasado y el saber y valorar de donde venimos para poder tener fé y certeza de nuestro brillante futuro…Allí está nuestra verdadera fortuna.

Ayer me hizo reir con su ocurrencias, le compramos en Target un telefono de juguete de que además venía con unas llaves ficticias de auto, muy parecidas a las que tiene su papá…Y su pregunta inmediata fue: – Y Donde esta el auto?

…Ten la seguridad Sofiyita que cuando tengas la edad adecuada el universo (O tus padres), te concederán el ansiado auto.

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La palabra más poderosa

Ser mamá en esta época es muy diferente a cuando yo era hija, así es que muchas veces me veo ante la avalancha de nuevas instrucciones que reglas de las que se rigen las mamás de estos años. Crecí sin ninguna restricción de azúcar o dulces, hoy en día es considerado casi, casi veneno...de vez en cuando me cayó un correazo y hoy es considerado abuso infantil, y seguramente me dijeron “NO hagas” ” NO grites” “NO interrumpas” y muchos otros NO miles de veces, hoy se inculcan en nuestros niños evitar la  palabra “NO” lo más posible.

Hace poco, leía un artículo con un título similar a este blog y me intrigó mucho saber cual seria la palabra más poderosa, era la palabra “NO” cuando seguí leyendo el artículo el autor iba narrando como el temor a que nos dijeran “NO” iba frenando nuestras vidas y nuestra propia felicidad. Por ejemplo, no postulabamos a un trabajo mucho mejor, por miedo a que nos digan “NO”, o en el caso de los chicos que no se atrevían a invitar a salir en un cita a otra chica por el medio a que la respuesta fuera “NO”, o cuando necesitamos ayuda y nos nos atrevemos a pedirla justamente por lo mismo…Y seguramente, en la vida habrá una serie de circunstancias en las cuales nos hemos detenido de hacer lo que queremos por miedo a tener una respuesta negativa. Asi es que después de todo, tal vez el evitar el uso de la palabra NO con nuestros hijos sea algo que debemos considerar. Por mi parte trato de hacerlo lo más posible aunque, a veces es muy dificil, pues nuestra boca suelta esa palabra casi espontáneamente.

El pasado mes de Mayo, Sophia y yo estábamos en el parque, como es nuestra costumbre en algunos fines de semana de primavera en que le clima de Los Angeles es ideal para estar afuera, de pronto a lo lejos, ella con su viveza y excelente vista, a casi una cuadra de distancia me dice: Mama….quiero ir a saltar!!! Y cuando volteo a ver veo un trampolin, de esos que alquilan para las fiestas infantiles con muchos niños saltando dentro de él, obviamente era una fiesta…Sophia me insistió tanto para ir, que venciendo mi timidez y verguenza nos acercamos a preguntar muy gentilmente a la dueña de la fiesta si era posible que Sophia saltara unos 5 minutos dentro del trampolín. La respuesta fue un absoluto “NO”. La dueña de la fiesta nos explico que si algo le pasaba a Sophia mientras saltaba ella no se iba a ser responsable. A me dio desconcierto su respuesta negativa, y Sophia a sus casi 3 años pudo entender lo que la señora nos respondio. Finalmente nos regresamos a la otra área del paque, ambas desilusionadas, pero en el fondo yo contenta de haberle enseñado a mi hija una importante lección: “Hay que preguntar siempre, no hay que tenerle miedo a un NO por respuesta”.

Así pasaron unos meses, yo siempre que voy al parque rogando que no haya ninguna fiesta de algún desconocido donde haya piñata que Sophia quiera romper, o pastel que quiera comer,  o trampolín donde desee saltar, por que la verdad que para mí ir a preguntar es un martirio que quiero evitar a toda costa…A mi, como a muchos, no me gusta que me digan NO. Pero hoy, apenas llegamos al parque una gran fiesta se visualizaba desde lejos y otro trampolín a la vista, donde Sophia puso sus ojos apenas llegamos. Quiero ir! Quiero ir! me insitía mi hija…..Traté de explicarle primero que esa fiesta no era de personas que conocíamos y que ella no podía ir. No me entendió, así que despues le dije que ella se acercara y pidiera permiso para ir a saltar,  pero justo cuando estaba a sólo unos metros de la fiesta me grita: Mama ven, ven!!! Asi que muy valiente tuve que ir a buscar a los dueños de la fiesta para otra vez preguntarles por el permiso para ir a saltar. La respuesta fue nuevamente, un rotundo NO, esta vez me explicaron que era porque todos los niños eran de menos de dos años, y Sophia, ya casi de 3 años y medio los podía lastimar, la verdad que como mamá entendí la posición de la anfitriona, así que le expliqué a Sophia la razón por la que no podía saltar en el trampolín esta vez, y aunque hizo un pequeño berinche a los pocos minutos se calmó y se olvidó del tema. Yo me quedé orgullosa otra vez de la lección: “Hay que preguntar siempre, no hay que tenerle miedo a un NO por respuesta”.

Para rematar la historia, esta misma tarde un grupo de girl scouts tenían una actividad en el parque junto con sus padres de familia, Sophia se puso a jugar con una de las niñas hasta el momento en que llamaron el grupo a comer sandia…Otra vez Sophia pidiéndome sandia, y yo explicándole que nosotras nos pertenecíamos a ese grupo y que no podíamos comer sandía….Pero Sophia me insitía tanto, que otra vez venciendo mi temor a otro rotundo NO, le pregunte a una de las nîñas: “Sera posible que me invites un pedazo de sandía para Sophia?” La niña de apenas unos 7 años no dudó en ir a traernos un buen trozo de la refrescante fruta, la cual Sophia devoró con mucho agrado al instante. Otra vez me dije para mi misma: “Qué bueno es preguntar, sin temor a que la respuesta sea NO”.

Hoy, sé que nuestros hijos aprenden más de los que hacemos que de lo que decimos, así que cuido mucho de que mis actos reflejen mis enseñanzas. Si puedo lograr que Sophia sea un niña que se atreva hacer cosas sin temor a los NO, pienso que le habré dejado otro gran legado.